Doce años de hojas de cálculo y ahora huelo a serrín
Relato editorial creado por el equipo de Pensémoslo a partir de situaciones y experiencias comunes. No es el testimonio de una persona usuaria registrada.
Doce años en una oficina, delante de hojas de cálculo, en una empresa que no era mala. Ese es el problema de contarlo: no había villano.
Me apunté a un curso de carpintería un sábado por capricho. Al año siguiente ya estaba de aprendiz con un carpintero de cincuenta y ocho años que me corregía sin mirarme.
Gano un cuarenta por ciento menos. Vivo de alquiler, no me he comprado ropa nueva en año y medio y he aprendido a hacer cuentas de verdad.
Y estoy mejor. No de una manera poética. Estoy mejor en cosas concretas: duermo del tirón, tengo las manos ocupadas, veo lo que he hecho al final del día y se puede tocar.
Tengo la espalda hecha polvo y en invierno el taller está helado.
Nada de esto lo recomiendo a nadie. A mí me salió bien.
Esta experiencia no es un consejo ni una recomendación. Es lo que una persona vivió. Nunca te diremos qué hacer: la decisión es tuya.
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