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La primera clase de cerámica fue un desastre

Relato editorial· 1 min

Relato editorial creado por el equipo de Pensémoslo a partir de situaciones y experiencias comunes. No es el testimonio de una persona usuaria registrada.

Me jubilé en marzo. En abril ya estaba apuntada a cerámica, a un grupo de senderismo y a un taller de escritura de los martes.

La primera clase de cerámica fue un desastre. Se me caía el barro, no entendía el torno y la chica de al lado, que tendría treinta años, me ayudó sin que se lo pidiera. Volví a casa con las uñas sucias y de un humor rarísimo, entre la vergüenza y las ganas de contárselo a alguien.

Sigo yendo. No se me da bien, la verdad. Hice un cuenco torcido que mi hija usa para las llaves y que ella jura que le encanta.

Lo del senderismo lo dejé a las tres semanas: madrugar un domingo para andar cuatro horas no era para mí. En el taller de escritura, en cambio, hay una mujer, Carmen, con la que ahora tomo café los jueves aunque no haya clase. No lo busqué. Salió.

Cuarenta años trabajando y nadie me explicó que lo difícil de jubilarse no es el dinero, es el martes por la mañana.

Esta experiencia no es un consejo ni una recomendación. Es lo que una persona vivió. Nunca te diremos qué hacer: la decisión es tuya.

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