Me apunté a pádel y sigo sin tener con quién cenar un martes
Relato editorial creado por el equipo de Pensémoslo a partir de situaciones y experiencias comunes. No es el testimonio de una persona usuaria registrada.
Me mudé de ciudad por trabajo con cuarenta y siete años. Todo el mundo me dijo lo mismo: apúntate a algo.
Me apunté a pádel los lunes, a un club de lectura y a un grupo de running de esos que quedan en el parque.
Llevo catorce meses. Juego al pádel con cuatro señores estupendos con los que no he tenido una sola conversación que no fuera sobre pádel. En el club de lectura hay una mujer muy simpática que un día me contó lo de su divorcio y a la semana siguiente me trató con una distancia rarísima, supongo que por haberme contado demasiado.
Tengo la agenda llena y no tengo a quién llamar un martes a las nueve para cenar.
Lo que nadie te dice es que la actividad te da presencia, no intimidad. Compartes un espacio dos horas y luego cada uno vuelve a su vida ya construida, que en mi caso es la parte que no tengo.
Sigo yendo. No porque funcione, sino porque quedarme en casa funciona menos.
Esta experiencia no es un consejo ni una recomendación. Es lo que una persona vivió. Nunca te diremos qué hacer: la decisión es tuya.
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