Tengo una enfermedad que no se me nota
Relato editorial creado por el equipo de Pensémoslo a partir de situaciones y experiencias comunes. No es el testimonio de una persona usuaria registrada.
Me diagnosticaron a los treinta y dos. Es crónica, tiene brotes y no se me nota.
Eso último es lo que complica todo. La gente entiende una escayola. Entiende una operación. No entiende que un jueves puedas hacer una excursión y el sábado no puedas ir a una comida.
He cancelado tantos planes que hay amigos que ya no me llaman para los planes grandes. Lo hacen para no ponerme en el compromiso, dicen. Yo lo noto igual.
En el trabajo pedí una adaptación de horario y tardaron cinco meses en dármela, con informe médico de por medio y una reunión en la que tuve que contar cosas que no le cuento ni a mi cuñada.
Llevo ocho años. He aprendido a medir el día en unidades: si por la mañana hay médico, por la tarde no hay nada.
Lo que peor llevo no es el dolor. Es que cada cierto tiempo tengo que volver a explicarlo desde el principio a alguien nuevo.
Esta experiencia no es un consejo ni una recomendación. Es lo que una persona vivió. Nunca te diremos qué hacer: la decisión es tuya.
Una experiencia es solo una perspectiva.
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