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Cuatro tarjetas y un cajón que no abría

Relato editorial· 2 min

Relato editorial creado por el equipo de Pensémoslo a partir de situaciones y experiencias comunes. No es el testimonio de una persona usuaria registrada.

Empezó con una tarjeta de una tienda para pagar una lavadora a plazos. Sin intereses, decía. Y probablemente era verdad.

Después vino otra para el coche, y otra que me ofrecieron en el propio banco un día que fui a otra cosa, y una cuarta cuyo origen ni recuerdo.

La cifra final fueron dieciocho mil euros. Lo que no sale en la cifra son los tres años: las cartas que no abría y metía en un cajón de la cocina, la aplicación del banco desinstalada del móvil, el nudo cada vez que sonaba un número que no conocía.

Mentí bastante. A mi pareja no directamente, pero sí de esa forma en que dices que estás bien de dinero y cambias de tema. Rechacé una despedida de soltero diciendo que tenía trabajo. Fui a comidas familiares habiendo comido antes para no pedir.

Lo que rompió aquello no fue ninguna decisión valiente. Fue que se me rompió la caldera en diciembre y no tenía forma de pagarla. Se lo tuve que contar a mi hermana para pedirle prestado, y contarlo en voz alta por primera vez fue lo más incómodo que he hecho nunca.

Ella me sentó una tarde con todos los papeles. Sacamos las cuatro cifras reales, que resultaron ser algo menos de lo que yo me imaginaba. Fuimos al banco, unificamos parte, dejé de usar dos tarjetas y las corté literalmente encima de la mesa de su cocina.

Tardé cuatro años y dos meses. Hubo recaídas pequeñas y un verano que no fui a ninguna parte.

No sé si lo que hicimos era lo más listo financieramente hablando. Seguramente había opciones mejores. A mí me valió porque me quitó de encima lo que de verdad me estaba hundiendo, que no eran los intereses, era el cajón.

Todavía hoy pago todo con la tarjeta de débito y miro el saldo cada mañana. Mi pareja lo sabe todo desde hace dos años. Mis padres, no.

Esta experiencia no es un consejo ni una recomendación. Es lo que una persona vivió. Nunca te diremos qué hacer: la decisión es tuya.

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