Semana dieciséis
Relato editorial creado por el equipo de Pensémoslo a partir de situaciones y experiencias comunes. No es el testimonio de una persona usuaria registrada.
Fue en la semana dieciséis. Ya lo habíamos contado en el trabajo, a la familia, a los amigos, porque nos habían dicho que a partir del primer trimestre ya se podía.
Después hubo que descontarlo. Esa parte no la prepara nadie.
Yo pasé tres días en casa con el móvil boca abajo. Mi pareja volvió a trabajar al día siguiente y durante meses pensé que eso significaba que le importaba menos. No era eso. Tardamos casi un año en poder hablarlo sin acabar cada uno en una habitación.
La gente decía cosas. Que éramos jóvenes. Que ya vendría otro. Que al menos había sido pronto. Una compañera me contó su propio caso con mucho detalle en la máquina de café y yo me quedé muy callada.
Lo que me sirvió, en mi caso, fue una amiga que no dijo nada. Vino, se sentó en el sofá y estuvo dos horas viendo una serie conmigo.
También hubo cosas administrativas absurdas. Una cita de seguimiento a la que llegó una carta con el nombre del embarazo, en mayo, cuando ya llevábamos dos meses.
Ahora tenemos una hija de año y medio. Todo el mundo asume que eso cierra la historia.
En enero, cada año, hay una fecha que solo sabemos nosotros dos y que no hacemos nada especial para recordar. Simplemente la sabemos.
Esta experiencia no es un consejo ni una recomendación. Es lo que una persona vivió. Nunca te diremos qué hacer: la decisión es tuya.
Una experiencia es solo una perspectiva.
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