El Libro Vivo
Experiencias reales, contadas por personas que decidieron compartir lo que vivieron.
Aquí conviven dos tipos de textos. Los que llegan de personas que comparten su experiencia y los que llevan la marca Relato editorial: escritos por el equipo de Pensémoslo a partir de situaciones y experiencias comunes, para que el Libro Vivo no empiece vacío. Nunca presentamos un relato editorial como el testimonio de una persona usuaria.
19 experiencias
La perra del segundo
No me apunté a nada. Simplemente coincidí con la misma señora a las siete y media.
El más viejo de la clase de las siete de la tarde
Me matriculé en un grado por las tardes con treinta y ocho años.
Vivo solo desde hace once años
Cincuenta y tres años, un piso pequeño y ninguna intención de compartirlo.
La lista del móvil
No voy a entrar en detalles médicos. Sí en lo que hice el mes siguiente.
Nueve años fuera y un billete que no compro
Cada verano vuelvo tres semanas y cada verano vuelvo con la misma pregunta.
Mis padres se separaron y yo tengo cuarenta años
La gente pone una cara rarísima cuando lo cuentas a mi edad.
Aguanté hasta que cerró el maletero
La ayudé a hacer las maletas y estuve entera todo el día.
Tengo una enfermedad que no se me nota
La gente entiende una escayola. Esto no.
Veintiún años en la empresa y una reunión de once minutos
Me llamaron un martes a las diez. A la una y media ya estaba en la calle con una caja.
Cada enero decimos que este es el año
Llevamos dos años mirando pisos en una ciudad a la que no nos mudamos.
Me apunté a pádel y sigo sin tener con quién cenar un martes
Todo el mundo te dice que te apuntes a algo. Me apunté a tres cosas.
Llegué a Madrid con un título que aquí no valía
Traía nueve años de experiencia como enfermera y un papel que tardó veintidós meses en servir para algo.
A los treinta y cinco volví a compartir piso
La renovación subía doscientos ochenta euros. Ahí se acabó vivir sola.
Doce años de hojas de cálculo y ahora huelo a serrín
Gano bastante menos. Es la primera vez en mucho tiempo que llego al viernes con ganas del lunes.
El pueblo, la fibra y los inviernos
Cambiamos un alquiler de novecientos euros por una casa con humedades y una calle sin nadie.
Me dio un ataque de ansiedad en el aparcamiento de la oficina
Pensé que era el corazón. Fueron cuarenta minutos dentro del coche.
Veinticuatro años, tres contratos y ninguna idea
Terminé la carrera hace dos años y sigo sin saber a qué me dedico.
Dos opciones y ninguna buena
Operar ahora, con sus riesgos, o esperar y revisar cada seis meses.
La primera clase de cerámica fue un desastre
Me jubilé en marzo y en abril ya estaba apuntada a todo lo que salía en el tablón del centro cívico.
